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Viaje a la Alcarria, de Camilo José Cela

El legendario y prolífico autor gallego Camilo José Cela publicó en el año 1948 el que es hasta día de hoy el mayor exponente de la literatura de viajes en España. Ganador del Premio Nobel de Literatura en el año 1989 “por una prosa rica e intensa, que con refrenada compasión configura una visión provocadora del desamparado ser humano”, Cela publicó numerosas novelas de viajes, narrando sus andanzas por toda la geografía española.

Narrada en tercera persona, Cela nos presenta a un viajero residente en la capital española que un día planifica un viaje a pie por la comarca de la Alcarria, a escasos kilómetros de Madrid. Tras aprovisionarse y echarse al hombro su morral, nuestro viajero se dispone a abandonar su domicilio para comenzar su viaje. De camino a la estación, nuestro autor nos agasaja con una viva descripción del Madrid de la época, llena de lugares tan célebres como el parque de El Retiro, la Puerta de Alcalá, o la Cibeles. Es nuestro viajero un hombre leído, ya que recuerda en su camino a la estación unos versos de Machado que recita para entretenerse en su camino. Encontramos numerosos ejemplos de poesía popular a lo largo de esta obra, ya que el viajero anota en su libreta las coplillas y canciones que escucha a su paso por los diversos pueblos que visita. A estos ejemplos de poesía popular podemos añadir los versos que el propio viajero compone, siendo los protagonistas de los mismos los diversos personajes que encuentra en su camino. El mísero ambiente de la posguerra se respira en cada página de esta novela, siendo nuestro protagonista testigo y excelente narrador de todo lo que encuentra a su paso. Abandonamos Madrid en un vagón popular y cambiamos la mañana de la urbe por paisajes rurales. Una vez llegados a Guadalajara, comienza el camino. Cada capítulo nos relata el trayecto entre dos pueblos y su respectiva pernoctación, haciendo el viajero una detallada descripción de las conversaciones que entabla con los lugareños y los peculiares personajes que más le llaman la atención. Capítulo a capítulo, vamos recorriendo la Alcarria, acompañando a nuestro viajero día y noche durante numerosos kilómetros. Sin olvidar la eminente calidad literaria de esta obra, debemos recalcar el valor antropológico de las descripciones que Cela plasmó en esta novela, ya que suponen un testimonio de incalculable valor de la Guadalajara rural de los años cuarenta. Las costumbres, las hablas, las canciones populares y, en definitiva, la idiosincrasia de los pueblos que nuestro viajero visita quedan plasmadas de una forma impecable en cada una de las páginas de esta obra, siendo testimonio de una época que pocos pueden permitirse el lujo de olvidar.

Esta obra se adscribe fácilmente al canon de la literatura de viajes, no siendo el único ejemplo dentro de la extensa producción literaria de Cela. Dentro de esta categoría podemos encontrar obras como Ávila (1952), Del Miño al Bidasoa (1952), Vagabundo por Castilla (1955), o Viaje al Pirineo de Lérida (1965), siendo estos algunos ejemplos de entre las muchas novelas que nuestro autor le dedicó a sus andares por España. Los viajes han sido un tema de gran relevancia dentro de la literatura universal, desde Los cuentos de Canterbury (1476) del inglés Geoffrey Chaucer hasta Viaje a Portugal (1981) del portugués José Saramago, la inigualable experiencia que supone viajar ha inspirado a autores de todos los tiempos y lugares a llenar infinidad de páginas con sus experiencias. Si desean adentrarse en otra obra de Cela y siguen queriendo recorrer algunos kilómetros más con este autor, les recomiendo su segunda visita a los parajes descritos en esta obra, Nuevo viaje a la Alcarria (1986). ¡Feliz lectura!